Ya era por la mañana y el sonido de los pájaros hizo que Jarli despertara de un brinco. Estaba sobre el tiempo, así que se levantó rápidamente del sofá. Su pierna dio un tirón debido al dolor, y con los ojos un poco llenos de lagañas, se dirigió hacia la sala de estar. Al llegar, se encontró a su esposa, Debora, con la mesa llena de ricos manjares, un buen desayuno para un campeón, y con una hermosa sonrisa se le acercó.
- Buenos días, mi amor. ¿Cómo estás? -saludó Debora.
Jarli no la saludó, s