Arya se despierta en medio de la noche un poco acalorada. Cuando se da cuenta en dónde está, su corazón sufre un vuelco. Su pequeño yace abrazado a ella, envuelto entre sus brazos. Eso es algo con lo que soñó y por fin lo tiene. Está tan conmocionada que las lágrimas caen por sus ojos.
Acaricia el pequeño rostro de su hijo y le da un beso en la frente.
—Eres tan precioso, hijo mío —murmura—. Te he amado tanto, te he extrañado tanto.
Aryehn se acurruca más a ella buscando calor, sus manitas yacen