La pulsera de emergencia.
Bárbara respiró hondo, apretando su puño con fuerza mientras una oleada de frustración la invadía. Se marchó, dejando a Belinda con una sonrisa divertida. La satisfacción de ver a Bárbara desbordada era un bálsamo para su ego. Sabía que era cuestión de tiempo antes de que su rival actuara, y Belinda estaba dispuesta a esperar pacientemente para hacer su jugada magistral.
Mientras conducía, Bárbara contuvo las lágrimas con todas sus fuerzas. Desde hacía tiempo, había buscado formas de acercarse