Tres horas después…
Otra caja de chocolates yacía desparramada en el suelo después de haber sido aventada con toda furia habida y por haber.
Dos horas después…
Abrió el horno con toda intención de por lo menos dormir allí, a ver si así se le venía algo de inspiración repostera ¿Quién dijo que solo los escritores tenían crisis de inspiración y de falta de ideas?
Otras dos horas después…
El ruido de pasos la despertó, era su personal llegando al establecimiento. Con horror se dio cuenta que la mi