El viento sopla con furia, como si el mismo destino se preparara para el enfrentamiento final. Las figuras imponentes de los guerreros se agrupan bajo la fría luz del amanecer, esperando órdenes. Dante observa el horizonte, el territorio enemigo a la vista, pero su mente está atrapada entre la responsabilidad hacia su manada y el amor por Scarlett, aún en manos de Elijah.
—Este es nuestro momento —dice Dante, su voz firme resonando entre los guerreros reunidos frente a él—. No peleamos solo por