Scarlett despierta aturdida, rodeada por una bruma densa que parece hundirla en el agotamiento. Sus muñecas están encadenadas con grilletes que arden como hierro fundido, absorbiendo su magia lentamente. El aire es pesado, saturado de energía oscura, lo que dificulta cada respiración. Frente a ella, Elijah se mueve con calma calculada, como si su victoria ya estuviera asegurada.
—¿Cuánto tiempo piensas resistir, Scarlett? —pregunta Elijah, su voz suave pero venenosa—. Esta lucha es inútil.