Capítulo 64. En un infierno deseado.
Connelly.
Todo era incontrolable, desatado, perfecto. Me negué a hablar, temiendo de que, si lo hacía, la magia que nos arrastraba desapareciera, si esto era lo único que iba recibir del hombre que amaba, que así fuera, no pensaba arrepentirme de nada.
Sus besos fueron aún más candentes, más persuasivos, más desquiciantes, cuando me depositó sobre la cama, mientras me acariciaba el costado de mi cuerpo, con sus tentadoras manos, despacio, probando así por su tacto que, definitivamente, estaba