La lluvia repiqueteaba los alrededores obscurecidos por la noche de aquella ruidosa ciudad desconocida. Velkan se sentía desesperado, porque el impacto que Antonella se había dado en la cabeza, tras aquella caída absurda por el ataque mágico de Ileana, había sido más grave de lo que había creído. Desde su estómago hasta su pecho sentía que, cada vez le tenía más odio a aquella mujer por las penas que los hacía pasar.
En un abrir y cerrar de ojos habían llegado a su casa vacía y lúgubre. No dudó