Perfecto plan
No se lo podía creer… Aquello sin duda había funcionado y Antonella, allí acostada y aún desvestida, daba brincos internos de felicidad, si es que lo que sentía podría catalogarse como tal. Velkan se había creído del todo que ella era su amadísima Ileana; había caído redondito, ni siquiera tuvo que fingir ser ella en absoluto. El lobito, todo se lo había dejado como servido en bandeja de plata; además de que, debía reconocer que ese ragazzo, tenía grandes habilidades en la intimidad. Antonella d