Norman se encontraba en su oficina, rodeado de cifras y gráficos que danzaban en una pantalla como sombras de un futuro incierto. Había aprendido a mantener su mente fría, a no dejar que las emociones se interpusieran en su camino. Sin embargo, en los últimos días, una presencia había comenzado a perturbar esa serenidad metódica: Ekaterina, la mocosa cuñada de su Steven, y la joven rubia de sonrisa deslumbrante y culo jugoso que pedía a gritos ser penetrado, preferentemente por él claro. Solo h