Isabela
Sergio no encuentra las palabras y se vuelve a tambalear mientras se pone en pie. Quita nuevamente la mano y siento un impulso de golpearlo, pero no lo hago.
—Isabela, he hecho demasiado y sabes la ley de Murphy.
Pongo una tina para no hacer más reguero, le chorreo el suero fisiológico, encuentro otro vidrio y antes de poder decir nada Sergio ya lo está sacando con una pinza.
—No es nada, tengo entrenamiento militar.
—¿Tienes sensibilidad en el pie?—pregunto.
—Mi amo sí, pero no p