Tras arropar a Neah en la cama, ella frunce el ceño en mi dirección, aunque no parece estar mirándome. “Estoy bien”.
“No, no lo estás”.
“Solo necesito dormir”, me dice ella, cerrando los ojos
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En los seis días que había estado sentado junto a su cama en el hospital, ella no había abierto los ojos.
Bajo la superficie, las niñas están activas y se mueven como locas, pero Neah sigue tan quieta y silenciosa como el día que la traje.
Aero me había avisado para que fuera a verla. Entré en l