"¿Me lees la mente?", pregunto en voz baja. Todavía era algo raro a lo que acostumbrarse.
"Me gusta prestar atención". Se inclina para besarme, pero entonces la puerta casi se despega de sus bisagras.
"¡¿Qué carajos, Raven?!", gruñe el Alfa Dane.
Raven tenía la cara roja. Mechones de su pelo oscuro se habían soltado. "¡Tenemos un gran problema!".
El Alfa Dane pone los ojos en blanco mientras me da la espalda. "¿Y ahora qué?".
"¡Ella está aquí!".
Paso mi mirada de uno al otro. "¿Quién?".
"