”Esto puede doler un poco”, me susurra y empuja su miembro en mi interior.
Mientras me quejo del dolor, él me da un beso en los labios. “Solo dolerá la primera vez”.
Se introduce poco a poco, dándome tiempo para adaptarme. Cuando está completamente dentro de mí, mueve un poco las caderas para deslizarse hacia delante y hacia atrás mientras me observa. Cuando separo los labios y gimo su nombre, me penetra con más fuerza.
Cuanto más gemía yo, más ansioso se ponía él, penetrándome una y otra vez