No había tardado en aprender a practicar desnuda. Las ropas destrozadas levantarían sospechas y solo causarían preguntas.
Dane toma una sábana de la cama y cubre mi cuerpo con ella. Sus ojos carmesí me miran una vez de arriba abajo. “¿Por qué?”, pregunta.
“He estado practicando”, murmuro en respuesta mientras me estiro y siento el crujido de unos cuantos huesos más. No tengo razón para mentir, pues él estará pendiente de mi mente ahora.
“Así es, maldita sea”. Él me mira fijamente con sus ojos