”¡Y una mierda!”. Piso el pedal y me alejé con mi coche. Esperaba estar tomando la decisión correcta para la niña.
Tardamos casi una semana en volver a Sombra Oscura. Cada noche paraba en un hotel para asegurarme de que ambos dormíamos bien y para alimentarnos. Ella ni una sola vez me pidió comida, por lo que supongo que la mataban de hambre o solo la alimentaban cuando querían. Es por esto que ella había aprendido a esperar, a ignorar los gruñidos de hambre en su estómago vacío.
El primer día