Dane
Tres días se necesitaron para quemar a todos los cadáveres. Tres días es el tiempo que Trey había estado en mis calabozos, aferrándose aún a la vida. Tres días en los que Neah no había dicho ni una sola palabra de lo que había pasado.
Está sentada en su silla habitual de mi despacho, comiendo una galleta de jengibre. Madame Curie había tenido razón sobre ellas y por fin su estómago se estaba calmando lo suficiente como para comer bien. Aunque hoy, en vez de llevar las piernas recogidas