Capítulo 38. UN JUEGO MACABRO
Sonrío al ver la reacción de Anne-Lise. El gran ventanal que da al interior me ofrece una deliciosa escena. Tiro el cigarro y enciendo el auto.
Es hora de irme.
Llego a mi departamento con una bolsa de comida chatarra de nuevo. Me dejo caer en el gran sofá de cuero que está en la sala de descanso. Extiendo el mando hacia la televisión de plasma gigante y la imagen del trasero de Anne-Lise está a todo color. He interferido todas las cámaras cuidadosamente. Ni Jeremías, ni Héctor pueden detectarme