Pensó en Jeffery, en aquel restaurante, cuando le dijo que uno debía ganarse el derecho a preguntar; en el doctor Garrett explicándole que el cerebro no siempre distingue entre la intensidad positiva y la amenazante; en un sofá un sábado por la mañana, y en todo lo que le había parecido real, con las manos temblándole ligeramente mientras pronunciaba aquellas palabras.
Se planteó hacer lo incorrecto.
Ya había cometido la equivocación de desear a Rosie y dejarse llevar por ese anhelo, anteponiend