Jordan
Llegué a Seattle bajo el oscuro manto de la noche, mi forma lupina, ágil y alerta mientras me dirigía por las oscuras callejuelas de la ciudad hacia el piso de las brujas Gaia y Damares.
Al llegar al edificio, mis sentidos agudizados percibieron de inmediato el olor de los intrusos. El piso de las brujas estaba patas arriba, como si hubiera pasado una tormenta. Muebles volcados, objetos esparcidos por el suelo y el acre olor de Theodore y Angél impregnando la estancia.
Sin perder tiempo,