Sebastián levantó a Helena en sus brazos como si fuera su princesa y mientras se dirigía hacia la cama no dejaba de mirarla a los ojos, como si no hubiera nada más en el mundo que ella. Sus pupilas se habían expandido al máximo, lleno de deseo por esa mujer que lo tenía a sus pies y lo miraba desde abajo con sus grandes y redondos ojos celestes que brillaban de amor.
El CEO depositó a su amada lentamente en la cama, como si temiera dañarla y la observó desde el borde de la misma, cómo la pelirr