Helena no tenía la obligación de si o si hacerle caso al pedido de Sebastián de no salir del departamento. Sabía que debía mantener el anonimato, nadie debía saber que estaba ahí, se supone que viajó al extranjero por un trabajo y no estaba incubando al hijo de una familia adinerada.
La pelirroja tenía llave del departamento y podría, aunque sea salir a dar un paseo para despejar la mente de esas cuatro paredes, Pero era ese mismo lugar el que ahora le traía la seguridad que tanto había buscado