Bajar de mi éxtasis la noche pasada con Brandon fue un recuerdo inolvidable. Se colaba en mí cada día y, sin duda, especialmente por las noches. Recordaba cómo gruñía, cómo me detenía de tocarlo porque no quería perder el control. Recordaba cómo sus ojos se oscurecían una vez más cuando lamió mi esencia de sus dedos, mirando profundamente en mi alma.
“Buenas noches, dulzura”, me dijo al marcharse, dedicándome una sonrisa antes de cerrar la puerta tras de sí.
Esa noche nos acercó más. Cada oport