Emma
Entro en la oficina de Mia para otra sesión de terapia. Como siempre, me quito los zapatos antes de sentarme.
“Hola, Emma”, me dice Mia, sonriéndome. Su sonrisa, como siempre, es acogedora y cálida. Te tranquiliza y te relaja.
“Hola Mia”.
“Está bien, ya sabes lo que tenemos que hacer primero, ¿verdad?”.
Ella pregunta y yo asiento con la cabeza.
Respiro profundamente antes de cerrar los ojos. Ordeno mis pensamientos. No me aferro a ellos durante mucho tiempo ni me detengo demasiado en