"Ava, despierta. Ya está lista la cena". Su voz me saca de mis sueños.
No fue un buen sueño, pero tampoco fue malo. Fue uno de esos sueños que te deja con confusión e imágenes vagas de lo que soñaste.
"¿Iris?".
"No te preocupes. Se despertó, le di un biberón y volvió a dormirse", responde, sus ojos buscando los míos.
Asiento con la cabeza, luego hago a un lado las sábanas y me levanto. Al estirarme, siento que mis huesos se aflojan y se realinean de la manera más deliciosa.
"¿Por qué duerme