LLÉVAME CONTIGO.
LLÉVAME CONTIGO.
La sala de la casa de Lilith estaba sumida en un caos de emociones tan tangibles como los restos de lo que había sido, hasta hace unos momentos, su refugio personal. La loba Beta, hija del anciano Petrus, respiraba con dificultad, su pecho subía y bajaba con violencia, mientras sus ojos destellaban con la furia de una tormenta. Con un gruñido gutural, lanzó otro objeto contra la pared, donde se hizo añicos, uniéndose al montón de vidrios que ya cubrían el suelo.
― ¡Nunca! ¡Jam