JAMÁS SERÉ TU MUJER.
JAMÁS SERÉ TU MUJER.
El amanecer apenas comenzaba a filtrarse por las rendijas de la ventana cuando Erika se despertó sobresaltada, el eco de una pesadilla con Sedrik aun vibrando en su mente. Y antes de que pudiera atrapar su aliento, un suave golpeteo en la puerta cortó el silencio.
― ¿Quién es? ―preguntó con la voz aún ronca por el miedo.
―Es Gil, tengo algo para usted.
Erika se levantó y abrió la puerta para encontrarse con Gil, una mujer mayor con ojos que habían visto el cambio de muchas