Capítulo 34: Sin decir nada.
El sonido del claxon que sonaba con insistencia, comenzaba a desesperarlo. El barullo inconfundible de la ciudad; mezclado con sirenas y uno que otro insulto casual entre conductores que de alguna manera parecían creer fervientemente que sonar su bocina u ofender a otros les ganaría alas a sus vehículos para salir del molesto tráfico, era algo que definitivamente no había extrañado para nada. Las luces de los faroles y los grandes anuncios comerciales, saturaban y cansaban su vista; ya no tenía