Gabriela rápidamente se acercó a Alfredo, agarrando su brazo con una advertencia en voz baja: —No hagas ningún escándalo ni digas tonterías. Aurora ahora vive una vida tranquila, y no quiero que la perturbes por tu culpa.
Alfredo bajó la mirada hacia ella, con una voz profunda: —Gabi, no me has engañado, ella se casó.
Gabriela apretó su brazo con más fuerza, suplicándole: —Te lo pido por favor.
Alfredo la miró y luego sonrió con ironía, su voz pasando de baja a alta, llena de sarcasmo.
Probablem