Alfredo se balanceó ante sus ojos, un golpe sordo, y se desplomó.
Gabriela quedó completamente perpleja.
Al segundo siguiente, se agachó para revisar su condición.
Alfredo evitó las miradas de esas personas y le guiñó un ojo.
Gabriela se quedó sin palabras.
¿Estaba fingiendo?
¿Por qué estaba fingiendo?
Antes de que pudiera entenderlo, de repente el hombre calvo se preparó para irse.
Alfredo tiró de su ropa y le dijo en lenguaje de señas: —Necesitamos, dinero, para, atención médica.
Gabriela de r