Esa noche Karlson me pidió en forma precipitada que lo reemplace. -Tengo que atender una urgencia familiar-, me dijo con mucho misterio, enigmático y sudando mucho, igual como si alguien lo estuviera persiguiendo o quizás que iba a ocurrir un cataclismo. Yo ya había terminado mi turno y aunque estaba cansada no me quedó más alternativa que asumir el triaje de los pacientes. Karlson se fue literalmente corriendo de la clínica, incluso llevándose su maleta cargada de no sé qué, huyendo de su o