Y ocurrió exactamente como yo había soñado tantas veces, en mis fantasías románticas anhelando a Marcus. Él se me acercó hipnotizado a mis ojos y me besó con pasión y encono saboreando mis labios, embriagándose con mi boca, exprimiéndola como a una naranja. Puse mis manos en su pecho queriendo sentir el acero de sus pechos y por instinto cerré los ojos para embelesarme con su ímpetu. Y fue tan maravilloso sentirlo que hasta alcé un pie, en efecto, rendida a su virilidad.
Marcus acarició mis