Decidí irme a toda prisa, huyendo de la casa de Green, cuando justo, de repente, en ese mismo instante, la puerta de la mansión se abrió. Marcus se alzó en las sombras. -¿Doctora?-, me preguntó sorprendido. Él estaba con el torso desnudo y la parte de abajo la había envuelto en una toalla.
Me volví con mis ojos encharcados en lágrimas, apretando los puños y haciendo denodados esfuerzos por no llorar. -Estás obrando mal, Marcus-, fue lo que balbuceé hecha una tonta. Él acomodó mis pelos