Lawson no esperaba que admitir sus faltas tampoco le sirviera de nada. Se acababa de desmayar por la conmoción, sin embargo, el dolor del impacto lo despertó en tan solo un segundo.
"¡¡¡Ah !!!" Lawson nunca había experimentado tal tortura en toda su vida.
Las lágrimas corrían por las arrugas de su rostro mientras gritaba desesperadamente, “¡Sr. Wade, todo es culpa mía! Nunca volveré a pasar por alto sus faltas, no dejaré a mi hija hacer acciones tan viles".
Asqueado, Charlie dijo, "Bueno, ¿no