Mientras tanto, Carmen, siempre conversadora y que expresaba sus opiniones con facilidad, permanecía en silencio mientras servía té a todos.
Sus ojos se dirigían con frecuencia hacia Rachel, y la envidia en su corazón crecía a medida que la observaba.
Solo con ver la apariencia, el estilo y la tez saludable en las mejillas de Rachel, hicieron que Carmen se sintiera fea, incapaz de levantar la vista.
Mientras preparaba el té, notó que sus propias manos se estaban resecando y arrugando con la e