La promesa de Harrison hizo que Jennie se emocionara tanto que no dejaba de llorar mientras expresaba su gratitud. “¡Gracias, Señor Harrison! ¡Gracias!”.
Jennie ya se había quedado sin opciones y no tenía una forma efectiva de resolver su situación. Al principio, no se atrevió a buscar ayuda de la familia Rothschild, plenamente consciente de que menospreciaban a los parientes lejanos como ella.
Pero hoy, ¡esto fue un golpe de suerte!
Harrison de repente había extendido una rama de olivo a las