El líder ya estaba medio muerto y en ese momento había perdido toda su actitud despiadada. Su rostro estaba lleno de miedo y ansiedad.
Charlie lo miró y lo abofeteó con fuerza.
El sonido de la bofetada resonó por toda la tienda de ganso asado.
Al ver que la mejilla del hombre se hinchaba rápidamente, Charlie sonrió y dijo: “¿De verdad son unos matones? ¿Ángel Ardiente? ¿Quién te puso este nombre? Mira tu rostro rojo e hinchado. ¿Tienes algo que ver con los ángeles?”.
El hombre sintió un gran