Al otro lado del teléfono, el esposo de Lulu, Zekeiah, respondió la llamada casi de inmediato. Su voz sonaba ansiosa cuando preguntó: “Lulu, ¿eres tú?”.
Lulu tarareó en respuesta. “Sí, soy yo”.
En el momento en que escuchó la voz de Lulu, él se llenó de alegría y espetó: “¡Lulu, es un gran alivio que estés bien! He estado intentando llamarte estos últimos dos días, pero no he podido comunicarme contigo en absoluto. ¡Estaba muy preocupado!”.
Los sentimientos de Lulu en este momento eran extrem