Kian estaba acostado sobre su cama con lágrimas en sus ojos mientras miraba hacia afuera de su ventana en silencio. Él podía oler el fuerte hedor de su boca cada vez que respiraba, y sentía mucho asco por sí mismo.
“Kian”.
Cuando él vio la debilitada y decadente expresión en la cara de su hijo, Donald no pudo evitar sentirse afligido.
Kian no lo miró en cambio continuó con su mirada clavada en la ventana mientras se atragantaba y decía: “Papá ¿por qué no me dejas morir? Yo en verdad estoy a