¿Cómo había podido aguantar tantas humillaciones y abusos de aquella familia por un hombre tan despreciable?
Su corazón se hundió, poco a poco. Cerró los ojos, se secó las lágrimas y una mirada de determinación cruzó sus ojos.
—Diana. Diana, ¿por qué cerraste la puerta de la habitación?
Manuel, preocupado, la había seguido.
En un principio, después de que María lo había atraído hasta el coche y había tenido relaciones sexuales con él, no había podido evitar sentirse inquieto. Y, para rematarlo,