—Te digo que ya es tarde, quédate en mi casa mejor, ¿por qué tienes que regresar?
En la entrada del conjunto residencial, Diana bajó del coche de Lucía y se quedó en la acera despidiéndose de ella.
Lucía dijo:
—No acostumbro dormir en camas ajenas.
—Eres bastante quisquillosa.
—Solo tengo pinta de ser elegante, pero mi suerte en realidad es tan buena. —Lucía le hizo un gesto con la mano. —Me voy ya.
—Avísame cuando llegues a casa, maneja con cuidado.
—Sí gracias, lo sé.
Diana se quedó atenta obs