El sonido del timbre del ascensor anunció que habían llegado al piso de Diana. Una voz sombria resonó a su lado, rompiendo el silencio dentro del ascensor:
—Ya llegamos, puedes regresar.
—Espera un momento. —Diana lo detuvo, luego se apresuró a entrar a su casa. Cuando volvió, tenía una caja de curitas en la mano. —Extiende la mano.
Valentín se quedó ligeramente sorprendido.
Al ver que seguía inmóvil, Diana tomó su mano y le puso con cuidado las curitas. Sin embargo, lo hizo de una manera torpe