En medio de las secuelas del secuestro de Amanda, Louis se encontró hundiéndose en un estado de constante ansiedad y miedo. La amenaza de perder a Amanda lo había sacudido hasta la médula, dejándolo sintiéndose impotente y vulnerable. Una noche, mientras las luces de la ciudad brillaban fuera de su ventana, el teléfono de Louis vibró con un mensaje entrante. Lo cogió y vio un número desconocido, acompañado del nombre "Tom". La curiosidad se mezcló con la sospecha, pero Louis abrió el chat para