La camioneta se detuvo frente a la entrada de la lujosa casa de tres pisos y Clarisse bajó cuando uno de los escoltas abrió la puerta para ella. Le agradeció amablemente a pesar de que le pareció innecesario que él hiciera eso y luego entró a la casa. Cisco la recibió con entusiasmo al igual que todos los días que regresaba a casa y se detuvo cuando su teléfono sonó.
—Hola, mamá —saludó a la mujer que estaba en pantalla.
—Hola, mi niña. ¿Dónde has estado? Desde hace semanas que no sabemos nada