—¿Tienes todo para quedarte esta noche en casa de la tía Clarisse? —Galen le preguntó a su hijo.
—¡Sí! Y el Sr. Saltos también está listo —expresó, sujetando a un sapo de peluche entre sus brazos.
—¡Excelente! Quiero que los dos se comporten hoy. Sean buenos en casa de Clarisse, nada de golosinas después de la cena y a dormir temprano para que vayan a clases mañana. ¿Les ha quedado claro, jovencitos? —musitó el rubio.
—¡Sí, papi! —dijo, felizmente el niño—. Seremos buenos, ¿verdad, Sr. Saltos?