―Daliah ―pronunció firmemente su tía, arrancando a la princesa de su amada alucinación. Parpadeó varias veces para espantar las lágrimas antes de voltear cómo si nada hubiera ocurrido―. ¿Ahora entiendes porque hacemos esto así?
Daliah sonrió convencida por sus palabras.
―Claro que sí, tía Verona. Agradezco mucho que ustedes hayan mantenido con vida ese preciado recuerdo de mi madre para mí…
La mujer de cabello corto les indicó a todos que se marcharan con un ademán, así podrían hablar en privad