El chico se movió por los corredores del palacio hasta encontrarse en la seguridad de sus aposentos. Una vez allí cerró las puertas con seguro y fue directo a la pantalla incrustada en la pared para conectar la videollamada que llevaba rato entrando en su teléfono.
—Muy bien, habla inmediatamente —demandó el de ojos esmeralda con los brazos cruzados— y más te vale que lo que tengas que decir sean buenas noticias o sólo conseguirás que las cosas terminen mal para ti.
—En ese caso será mejor si l