Descendió del vehículo una vez abrieron la puerta para ella y se quedó de pie observando el gran palacio de Velghary. De pronto sintió la garganta reseca, clamando por un trago de agua o tal vez de algo mucho más fuerte. Estaba a nada de encarar a las personas que por años la torturaron y le lavaron el cerebro, así que probablemente lo mejor sería un trago de algo muy fuerte.
—¿Está lista, alteza? —preguntó Madeline, quien estaba a su lado con una tableta entre sus manos.
Esa pregunta no tenía