52. Una niña sana

La nieve llego a portland y con ello una tormenta que arraso con el bosque cubriéndolo con un espeso manto blanquecino y brillante. Las ramas de los pinos estaban cargadas por bultos de nieve que con la brisa terminaban cayendo al suelo.

Isabel contempla el paisaje blancuzco desde el balcón de su habitación, hacia tanto frio que su respiración era cansada y hasta podía ver como exhalaba un espeso humo blanco de su boca. La joven baja la mirada y observa su vientre abultado.

Suspira.

Acaricia su
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