24. Hueles al alpha
Entre tanto que ambos se observan fijamente el rubio va introduciendo sus dedos por debajo de la tela de las bragas de ella, Nina muerde levemente sus labios al sentir aquellos dedos calientes deslizarse por su vientre.
Para cuando llegan a la altura de su feminidad ella abre sus labios y frunce un poco el ceño ante el contacto.
—Zero…—gime con voz ronca entre tanto siente la caricia de ese rubio en su centro femenino.
—Puedo detenerme si es lo que deseas.
Ella se aferra a los hombros de él cla